Transformando personas

“La tecnología habilita, pero las personas transforman” ― Migue Olivas Director del área de empleabilidad de la Fundación Telefónica

Transformar personas es un proceso complejo que conlleva una disposición personal sobre la base del conocimiento y la internalización que hace el individuo de la necesidad de pasar de un estado a otro.  Proceso que se multiplica exponencialmente cuando nos damos cuenta de que hablamos de cambiar una Era, hablamos de afrontar una revolución tecnológica que abarca a toda la humanidad, a millones de personas. Si olvidamos que el proceso transformador del que tanto se habla en esta época, hace uso de la tecnología, que es la que nos habilita para hacer los cambios necesarios para que logremos llevar a cabo funciones que antes no realizábamos de forma habitual, no comprendemos la magnitud de esta realidad.

Con este pensamiento en mente es que consideramos que en efecto la tecnología habilita, pero son realmente las personas las que llevan a cabo la transformación y se transforman.

Lograr el equilibrio entre personas, procesos y tecnología es el objetivo compartido de las empresas, gobiernos y sociedad. Objetivo que es sumamente complejo porque implica cambios individuales, apropiarse de nuevos conocimientos, comprender nuevos procesos, aprender a utilizar esas nuevas tecnologías y asumir que una gran parte de las tareas que son repetitivas (tanto en el aspecto laboral como en el social), comunes al ser humano, pueden ser realizadas por máquinas, pero saber al mismo tiempo que estas máquinas requieren de personas capaces de entender su funcionamiento y hacerlas funcionar, lo que hace necesario que se preparen y desarrollen nuevas competencias y habilidades.

Se requiere que la población en general tenga información y conocimientos del funcionamiento básico de las herramientas, recursos y tecnologías que se están integrando al día a día. Tecnologías que con sus requerimientos particulares y metodologías permiten realizar las actividades diarias de forma más fluida, probablemente requiriendo menor cantidad de recursos visibles y mayor capacidad de especialización de sus usuarios.  Si bien es cierto, la tecnología simplifica el proceso y hace que pensemos que es sólo cuestión de digitar o presionar un botón, la realidad es que para que ese proceso se lleve a cabo existen muchísimos procesos, hay una gran cantidad de personas involucradas para que “ese resultado” se dé y sea transparente para nosotros.

 

Hace poco Telefónica hizo público un vídeo que explica de manera sencilla todos los recursos, conocimientos y personas que están involucradas cuando hacemos una llamada de un teléfono móvil a otro.  Los invitamos a ver “La magia de la conexión” una pieza audiovisual que nos permite dimensionar lo que involucra esa sencilla acción.

Definitivamente que, aunque parezca normal o rutinario todo proceso tecnológico es complejo, la naturaleza de sus procesos ya de por sí es fruto del pensamiento y la convergencia de múltiples saberes y conocimientos de sus creadores y gestores.

Relacionar a las personas con la tecnología y desarrollar tecnología para hacer más fácil, más placentera la vida de las personas es la meta,  llevarlo a cabo de forma eficiente es un requerimiento básico. Colocar al cliente en el centro de los procesos es retador, ya que sin intentar ser moralistas tenemos que hablar de valores [Empatía, solidaridad, amor al prójimo, honradez, ética y bioética, entre otros]; son los valores de siempre y los nuevos valores que se integran al dinamismo socioeconómico.

En la medida que se desarrolla y se utiliza la Inteligencia Artificial se requiere comprender y revaluar conceptos básicos tales cómo saber que por más que se parezcan a los humanos, los robots no tienen sentimientos y responden a la información (algoritmos y datos) que personas (con sentimientos e intenciones) han definido previamente, independientemente que hablemos de Aprendizaje Automático es necesario saber que su origen es diseño humano.

Es momento de replantear temas que estamos pasando por alto al enfrentarnos a la pseudo perfección y pseudo gratuidad de las tecnologías digitales. Probablemente es el tiempo justo para que volvamos a pensar en las demandas que hacemos, para evaluar el nivel de tolerancia a la demora que tenemos, para reconsiderar nuestra tolerancia al error, tanto el nuestro como el de nuestros dispositivos digitales y de las personas que están trabajando tras bastidores para que todo funcione correctamente.

Es momento de asumir que estaremos habilitados para realizar de forma cada vez más eficiente aquello que nos costaba muchos recursos, pero hay que ser realistas porque en este mundo los recursos son limitados.  Justo hoy, en horas de la mañana, tuve la oportunidad de comprender que la tecnología a veces “falla”, que no es posible pretender que sea infalible. Tuve que aceptar que ese móvil donde estaba gran parte de mi “día a día”, simplemente fue presa de un suceso inesperado y se incendió. De súbito y sin esperarlo, ya no estaba más. Cuando trabajas de forma remota y pierdes el móvil casi que te sacuden el piso. Debí asumir que todos los archivos, la información que estaba fuera de la Nube, no estará más, y fue momento de tolerar el error, momento de desconectarme digitalmente de forma forzosa y comprender el proceso.

Sucesos aislados cómo este puede ayudarnos a mirar con detenimiento que previo a la Transformación digital, debe definirse la estrategia que se va a seguir para dicha transformación, la cual debe implicar a todas las áreas de la sociedad y de la empresa, considerando a los usuarios cuya evolución y procesos de adaptación responderán al grado de familiaridad y conocimiento tecnológico que tengan. Por ello, es tan necesario que los gobiernos, las empresas, la academia y todos los que vemos la tecnología como algo beneficioso contribuyamos para que se lleven a cabo programas de capacitación que incentiven el manejo y comprensión de la tecnología como un habilitador, un facilitador, no la respuesta a todas las preguntas qué tenemos ni a todos los problemas que afrontamos.

Al estudiar al cliente y su entorno digital hay que partir de lo simple para ir a lo complejo. Mientras seguimos intentando transformarnos (digital y realistamente) hay que hacer planes, hay que observar, hay que formar, hacer seguimiento, control y mejora en toda la línea de tiempo de ese proceso casi idílico entre humanos y tecnología, que llamamos Transformación digital.

 

Imagen: Pixabay

 

 

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